De empleada a empresaria

La transformación que me trajo hasta aquí

Han pasado años.
Años de aprendizajes, de pruebas, de búsquedas.
Durante mucho tiempo fui empleada, caminando los senderos de la seguridad y la rutina.
Tenía un contrato, un ingreso fijo, una estructura que me sostenía… o eso creía.

Pero por dentro, algo siempre me susurraba: “hay más para ti”.
Ese llamado se fue haciendo más fuerte hasta que, hace dos años, decidí renunciar.
Dejé el contrato, la nómina, la comodidad aparente, y me lancé al mundo como vendedora independiente.
Fue el primer salto al vacío.
No lo sabía entonces, pero ese salto sería apenas el inicio de una transformación profunda.

De la estabilidad al propósito

Ser independiente me enfrentó a mi propio reflejo.
Tuve que aprender a sostenerme sin estructuras, sin jefes, sin un camino trazado.
Aprendí a confiar en mis dones, en mi voz, en mi capacidad de crear.
Y en medio de ese proceso, me transformé.

Hoy, doy un paso más.
Dejo atrás la identidad de vendedora independiente para convertirme en empresaria.
No desde la abundancia económica, sino desde la urgencia.
Desde el cierre de la empresa donde trabajaba como freelance, desde el empujón divino que me dice: “ya es hora de construir lo tuyo.”

Podría haber salido a buscar trabajo otra vez, pero algo en mí se niega.
No quiero volver atrás.
No quiero vivir de contratos que apagan mi fuego.
Quiero crear. Quiero dejar huella.
Quiero construir un universo donde mis negocios tengan alma.

El verdadero cambio no es externo

Emprender no es solo registrar una empresa, abrir un dominio o emitir una factura.
Es cambiar de identidad.
Es soltar la mente de empleada que busca seguridad
y despertar la mente de creadora que genera oportunidades.

Ahora, cada día me pregunto:
¿en quién debo convertirme para ser la empresaria que sueño ser?

Y entre esas preguntas encuentro una respuesta suave, pero firme:
no se trata solo de resultados, cifras o metas.
Se trata de crecimiento, de propósito, de coherencia.

Un cierre que fue un comienzo

El cierre de la empresa no fue el final de nada. Fue el inicio de todo.
Fue la señal que necesitaba para volver a confiar, para mirar hacia adentro y decirme: “Lincy, ya estás lista.”

Mi transformación ha sido lenta, silenciosa, profunda.
Cada paso, cada caída, cada duda… ha sido perfecto.
Porque cada etapa me preparó para este momento.

Hoy no camino desde el miedo, sino desde la certeza.
Sé que este nuevo comienzo tiene propósito.
Y aunque emprenda desde la urgencia, sé que no me falta nada,
porque llevo dentro todo lo que necesito para florecer.

“No fue de un día para otro. Fue el fruto de años de trabajo interno.
Dejar de buscar seguridad afuera para encontrarla dentro.
Esa es la verdadera transformación.”

Lincy

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